Durante buena parte del siglo XX, ser camarera de barra no era solo poco común: en muchos sitios era directamente ilegal. Hoy, en cambio, las mujeres son mayoría detrás de muchas barras del mundo. Repasamos cómo se ha llegado hasta aquí y qué dicen los datos actuales sobre una profesión que ha cambiado más de lo que parece.
Cuando la ley decidía quién podía servir una copa
En 1945, el estado de Michigan (EE. UU.) aprobó una ley que prohibía a las mujeres trabajar como bartender en ciudades de más de 50.000 habitantes, salvo que fueran esposa o hija del dueño del local. Dos camareras llevaron el caso hasta el Tribunal Supremo, que en 1948 confirmó la ley en Goesaert v. Cleary. La norma no se derogó hasta 1955.
En el Reino Unido no existían leyes tan explícitas, pero las barreras culturales eran igual de firmes: durante décadas ninguna mujer llegó a dirigir una barra de prestigio. La excepción fue Ada Coleman, nombrada jefa de barra del American Bar del Hotel Savoy de Londres en 1903, cargo que ocupó durante 23 años y que ninguna otra mujer volvería a ocupar hasta 2021, cuando Shannon Tebay se convirtió en la primera jefa de barra desde su retirada. Coleman es también la creadora del clásico Hanky Panky.
En India, varios estados mantuvieron restricciones legales o de horario para las mujeres en locales que servían alcohol hasta bien entrada la década de 2010, pese a que el Tribunal Supremo indio ya había anulado una de estas normas en 2007.
LO QUE DICEN LOS DATOS HOY:
El panorama ha cambiado radicalmente. Según datos de Data USA basados en cifras oficiales de EE. UU., las mujeres representaban en 2024 el 57,7% de los bartenders del país, frente al 42,3% de los hombres.
En cuanto a salario, un análisis de Narrow the Gap sitúa a las mujeres bartender ganando 97 centavos por cada dólar que gana un hombre en el mismo puesto, una brecha bastante menor que la media general del mercado laboral estadounidense.
Estos datos conviven con otro patrón bien documentado en el sector: los hombres siguen sobrerrepresentados en puestos de dirección de barra y en locales de coctelería de alta gama, mientras que las mujeres son mayoría en otro tipo de establecimientos. Es decir, la representación global no cuenta toda la historia: importa también en qué tipo de barra, en qué turno y en qué puesto se trabaja.
UN DEBATE QUE SIGUE ABIERTO:
Sobre cómo cerrar estas diferencias existen visiones distintas dentro de la industria. Una parte del sector defiende centrarse en garantizar el mismo acceso a formación, turnos de mayor facturación y puestos de responsabilidad, dejando que la contratación se decida por mérito.
Otra parte defiende objetivos activos de representación como palanca necesaria para corregir desequilibrios históricos que el simple paso del tiempo no ha resuelto por sí solo.
Ambas posturas coinciden en el diagnóstico (persisten patrones de segregación por tipo de local y puesto) pero difieren en la solución.
Iniciativas como Speed Rack, la competición de coctelería exclusivamente femenina fundada en 2011 por Lynnette Marrero e Ivy Mix, han optado por un camino intermedio: crear un escaparate propio para visibilizar el talento de las bartenders, sin plantearlo como cuota, y destinando además lo recaudado a la investigación contra el cáncer de mama.
Lo que parece fuera de discusión es que la barra ha dejado de ser terreno exclusivamente masculino, y que las camareras de hoy no necesitan la firma de un marido o un padre para estar donde están.